Volver a la naturaleza que somos

maría vélez

Llevamos más de dos mil años interfiriendo con nuestra naturaleza.
Con la naturaleza que nos habita y con la naturaleza que habitamos.
Interferimos con los ciclos de la Tierra y con nuestros propios ciclos internos.

A veces me pregunto por qué existe este impulso tan profundo de separarnos de nosotros mismos.
Es un misterio.

Durante siglos, muchas culturas —especialmente las orientales— dedicaron su vida a algo muy distinto: a la maestría de sentir, de observar, de contemplar.
El camino no era intervenir, sino aprender de la naturaleza.
Hacer nada.
Observar.
Escuchar.
Dejar que la sabiduría natural guiara el proceso de autoconocimiento y transformación.

Con el tiempo, y especialmente hoy, cuando el trabajo con el sistema nervioso ha cobrado tanta relevancia, hemos vuelto la mirada a esas enseñanzas antiguas.
Se habla del observador, del testigo, de esa cualidad interna que puede darse cuenta de lo que estamos experimentando mientras sucede.

¿Cómo me doy cuenta de lo que siento?
¿Qué se mueve en mí?
¿Quién observa ese movimiento?

El cuerpo está en constante actividad:
la respiración,
el peso descendiendo por los huesos,
la relación con la gravedad,
la digestión en movimiento,
la sangre recorriendo sus circuitos,
la temperatura que cambia,
el sonido que entra por los oídos,
los aromas que llegan por la nariz,
la luz que se transforma en formas y colores,
el tacto, el sabor, la presión sobre la piel.

Toda esta información nos da noticias de quiénes somos.
Nos ayuda a reconocer dónde terminamos y dónde empieza lo otro.
Cómo nos vinculamos.
Qué tiene sentido para nosotras y qué podemos dejar pasar.

Los antiguos maestros lo sabían:
el camino era la autoobservación a través del cuerpo, en conexión con la naturaleza interna.

De ese encuentro entre la investigación científica contemporánea y estas prácticas filosóficas ancestrales surge lo que hoy llamamos Educación Somática: un regreso a la sabiduría del cuerpo, a su inteligencia natural, a su capacidad de organizarse cuando le prestamos atención sin interferir.

Durante febrero seguiremos profundizando en estas preguntas, cultivando la capacidad de estar presentes y de volver a los sentidos desde sus caminos naturales.

Lo haremos a través del Taller de Sensory Awareness, un espacio para practicar la escucha, la atención y el no hacer.

Este es el puente que estamos construyendo en la Librería Somática:
atención,
intención,
escucha interna,
y la posibilidad de maravillarnos con lo que somos.

Recordar que la expresión también es movimiento.
Que la creatividad es una cualidad natural.
Que la vastedad de la vida está disponible.

Cuando dejamos de interferir, el cuerpo reconoce el estado de complitud.
Y desde ahí, crear, elegir y expresarnos se vuelve un acto profundamente natural.