Los órganos y el movimiento: aprendiendo a movernos desde adentro

diana sánchez

La motilidad

La motilidad es el movimiento propio de cada órgano. Los órganos están hechos de tejido muscular suave, lo que les permite cierta capacidad de expansión y contracción que, de acuerdo a su función particular, será más o menos evidente. Así por ejemplo, el corazón tiene la capacidad de contraerse con gran fuerza para poder impulsar la sangre hasta los rincones más distantes del cuerpo, mientras que el bazo o los riñones tendrán un movimiento mucho más sutil. Esta capacidad expansiva y contráctil está al servicio de los ciclos de vaciado y llenado orgánicos: es la presión de la sangre expandiendo las cámaras del corazón la que da la señal al sistema nervioso para que los ventrículos se contraigan, expulsando la sangre; es la presión de la orina expandiendo la vejiga la que da la señal para que sepamos que es momento de expulsarla.

La movilidad

Además del movimiento propio de cada órgano, existen otros movimientos fisiológicos que suceden por causa de las múltiples relaciones de tensegridad que cada órgano sostiene con otros órganos y estructuras vecinas a través de la fascia y los ligamentos, de manera que cuando un movimiento es iniciado en la estructura músculo-esquelética, tiene una repercusión en los contenidos orgánicos. Así mismo, ciertas funciones, como la respiración y el flujo sanguíneo, tendrán una repercusión en el movimiento del resto de los órganos.

La continua expansión y condensación de los tejidos orgánicos provocadas por su movimiento propio, así como los movimientos más amplios del cuerpo, contribuyen a su salud, asegurando el acceso a los fluidos y nutrientes, así como la expulsión de deshechos de su interior.

Ritmo

Los órganos en su conjunto, son como una gran orquesta tocando en polirritmia: el pulso del corazón es mucho más constante y veloz que la expansión y condensación de los pulmones o el sutil y lento flujo del líquido cefalorraquídeo pulsando en el centro del cerebro. La atención consciente en el ritmo de un órgano nos permite seguir el flujo de su movimiento a través de los sistemas: del órgano a la fascia que lo envuelve y conecta con otros órganos y estructuras óseas y musculares, de manera que esa pulsión que nace desde dentro pueda amplificarse y llegue a expresarse en el exterior.

Las cualidades del movimiento orgánico

Los órganos habitan un mundo de fluidos y su movimiento se ve afectado por ellos. Ya sean órganos huecos -como el corazón o el tubo digestivo- órganos densos como el hígado o el páncreas- u órganos esponjosos como los pulmones, todos los órganos contienen fluidos tanto en su interior como alrededor de ellos, lo que les permite comprimirse, expandirse, vibrar,deslizarse y rodar, renegociando constantemente el espacio entre ellos y las estructuras que los rodean con suavidad y fluidez.

Al iniciar el movimiento corporal desde los órganos, podemos acceder a rangos de movimiento más amplios gracias a su flexibilidad y resiliencia; a una fuerza que no proviene de la tensión muscular, sino de la expansión energética del órgano sosteniendo el tronco y fluyendo hacia las extremidades; y sobretodo, tenemos acceso a la potencia de la expresión y creatividad orgánica, a la “urgencia profunda y constante para expresar su sustancia” (Taylor, 2008) impregnando el movimiento corporal de emotividad, intención y significado.