El poder de la pelvis: Julia Roux, en sus propias palabras
Antes de cada nueva serie de la librería somática, nos gusta abrir la puerta y dejar que quien va a acompañarnos se presente con su propia voz. Para "El poder de la pelvis" invitamos a Julia Roux, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, a contarnos —sin guion, sin filtros— de dónde viene su mirada sobre el cuerpo. Esto es lo que nos compartió.
De la filosofía a la pelvis: un camino que no fue casualidad
"Yo soy Julia Roux, actualmente soy fisioterapeuta especializada en fisioterapia del suelo pélvico en Valencia, España, pero no he llegado de casualidad a la fisioterapia del suelo pélvico."
Así empieza Julia, dejando claro desde la primera frase que su trabajo actual es el resultado de un recorrido, no de un plan. Su punto de partida fue, sorprendentemente, la filosofía:
"Inicialmente mi trabajo empezó en filosofía y me oriente a la sociología para entender un poquito cómo podíamos definir que nuestro cuerpo nos pertenecía desde normas sociales."
Fue en ese cruce entre filosofía y sociología donde Julia empezó a hacerse las preguntas que, años después, seguirían guiando su práctica clínica: ¿de quién es este cuerpo? ¿qué normas lo han moldeado antes de que nosotros mismos lo habitemos?
Entrevistas, cuerpos y una necesidad de ayudar
La sociología la llevó a escuchar, durante muchas horas, a mujeres que hablaban de su relación —a menudo difícil— con su propio cuerpo. Y esa escucha cambió su rumbo:
"A raíz de tantas horas de entrevistar personas que hablaban de dificultades en su relación al cuerpo, en particular mujeres, yo he querido no solo entender lo que pasaba, pero también poder ayudar."
Entender ya no le bastaba. Necesitaba intervenir, acompañar, transformar. Y ese deseo la fue empujando, poco a poco, hacia el movimiento.
Cuba, Buenos Aires y el Maloya de la Isla de la Reunión
El camino de Julia hacia el suelo pélvico pasa, curiosamente, por la danza. Vivió unos años en Cuba, "bailando mucho", y después en Buenos Aires, donde empezó a dar clases de movimiento terapéutico inspiradas en sus propias raíces:
"Empecé a impartir clases de movimiento terapéutico basado sobre movimientos de la rumba cubana, del Maloya, que yo soy de una isla que se llama la Isla de la Reunión en el Océano Índico, que tiene el Maloya, que es un baile tradicional donde se mueve mucho la pelvis, entonces trabajando desde esta pelvis."
Fue ahí, en Buenos Aires, sin buscarlo ni planearlo, donde Julia tuvo su primera revelación clínica:
"Sin darme cuenta, en Buenos Aires, yo ayudé, sin quererlo, a mis alumnas a resolver problemas de incontinencia urinaria, que venían a verme y me decían: mira, desde que estamos haciendo las clases, pues no me esperaba nada, pero no me pasa esto."
La sorpresa de sus alumnas fue también la suya. "¿Y por qué? ¿qué ha pasado?", se preguntó. Esa pregunta fue la que la llevó a meterse, por primera vez, en el estudio serio de la anatomía.
El encuentro con Blandine Calais-Germain
En esa búsqueda, Julia encontró a la persona que terminaría de darle forma a su manera de entender el suelo pélvico: Blandine Calais-Germain.
"Aquí, por suerte, encontré a Blandine Calais-Germain en mi camino, me metí en el aprendizaje con ella, he podido ser discípula directa de ella, que por desgracia ha fallecido el año pasado."
De ese aprendizaje nace la idea central que atraviesa todo el trabajo de Julia:
"Todo lo que aprendí con Blondine, esta idea de insertar el suelo pélvico adentro de un movimiento global del cuerpo, es la única manera que funciona para el largo plazo."
Con esa convicción, Julia se orientó formalmente hacia la fisioterapia, graduandose en la Universidad publica de Valencia, y después, cursando un máster en la Facultad de Medicina de París V, con una orientación específica hacia la sequedad vaginal. Del aula de danza a la consulta clínica, pero siempre con la misma idea de fondo: el suelo pélvico no se entiende aislado, se entiende en movimiento, y sus patologías implican relaciones sociales. Por esto es tan importante poder dar herramientas de auto-tratamiento y auto-conocimineto a las personas que pasan aunque sean tan solo “unas molestias” en esta zona.
Despertar la percepción, no depender de la intervención del terapeuta
Uno de los puntos que Julia defiende con más fuerza es la diferencia entre trabajar el suelo pélvico desde fuera, guiado por un profesional, y aprender a sentirlo y activarlo por cuenta propia:
"Cuando vienes a una sesión de fisioterapia de suelo pélvico lo normal es que el fisioterapeuta te ayude a hacer tus contracciones, tus relajaciones, a entender lo que pasa en esta zona gracias a sus dedos, obviamente con guantes, o gracias a algunos instrumentos que tenemos en consulta como pequeñas sondas intravaginales, o sondas para los hombres. Pero lo interesante para la vida diaria es despertar estas capacidades de percepción, de sensibilidad y de movimiento sin tener ningún objeto en los orificios del suelo pélvico."
Esta idea, dice Julia, es un legado directo de Blandine:
"Esto es el credo de Blandine Calais-Germain al cual adhiero a ciento mil por ciento: que podemos despertar estas autopistas —ella decía autopistas sinápticas— de la misma forma que con la boca cerrada puedo mover mi lengua y no necesito que ningún fisioterapeuta ponga su dedo en mi lengua para confirmarme que sí, efectivamente, estoy moviendo mi lengua."
La comparación es sencilla y, a la vez, reveladora: si podemos sentir y mover la lengua sin ayuda externa, también podemos aprender a sentir y mover el suelo pélvico. La propuesta de Julia no es reemplazar la fisioterapia manual, sino construir, junto a ella, una autonomía sensorial que dure toda la vida.
De lo profundo y lo fino a la vida cotidiana
Para Julia, el trabajo perceptivo no se queda en el consultorio ni en movimientos "de laboratorio". La meta es integrarlo a lo cotidiano:
"La idea es hacer nacer estas percepciones, experimentar el suelo pélvico desde lo más profundo, desde movimientos muy finos que no vamos a hacer en la vida diaria... pero una vez que habremos percibido nuestra capacidad a activarlo cuando queremos, estos movimientos sí que los vamos a insertar adentro de nuestras actividades de deporte, adentro del hecho de llevar un niño en brazo, adentro del hecho de estar muchas horas de pie por el trabajo, adentro del hecho de caminar en la montaña."
Y añade algo importante: este trabajo no es solo físico.
"Volvemos como a lo más chiquitito, a lo más profundo, muchas veces a lo más difícil de percibir. Es un trabajo bastante intelectual, espiritual, porque despertamos el sistema nervioso, y eso es la clave para tener un suelo pélvico en buena salud para toda la vida."
El techo del suelo pélvico: la respiración y el diafragma
La otra gran pieza del método de Julia es la respiración. Para ella, es imposible entender el suelo —o piso— pélvico sin entender lo que hay encima de él:
"No podemos entender el suelo pélvico o piso pélvico si no entendemos que hay un techo pélvico. ¿Y cuál es el techo del suelo pélvico? La cúpula del diafragma con todo lo que viene por encima."
Julia invita a dimensionar la magnitud de esa carga:
"Dense cuenta que el suelo pélvico está aguantando, soportando todo el peso de las vísceras y de los huesos del tronco, incluyendo los 4 a 5, 6 kilos en algunas personas, de la cabeza."
Por eso, dice, hay que tomar conciencia del propio patrón respiratorio —el que usamos de forma espontánea, sin pensarlo— y explorar distintas formas de respirar según el objetivo que se busque. Pero es clara en algo: no existe una técnica respiratoria universalmente "mejor".
"Cuidado, no hay ninguna respiración en sí por sí, de ninguna técnica, de ningún tipo de disciplina corporal, que valga que sea mejor que la otra. En función de cuál es mi objetivo, yo podré utilizar un tipo de respiración o la otra."
Desaprender para liberar
Julia es honesta sobre la dificultad de este trabajo. No se trata de aprender algo nuevo desde cero, sino de desmontar patrones instalados desde la infancia:
"Vamos a cambiar unos esquemas que hemos adquirido al nacer, o cuando éramos niños o niñas, que hemos empezado a respirar de una forma un poco más agitada porque queríamos hacer todo bien, y entonces ya nos crispamos la parte alta de la caja torácica. Vamos a desconstruir unas cosas, no será obvio, tal vez solo con una sesión no será suficiente porque se podrá trabajar después en casa, pero de esta forma abrimos el abanico de las posibilidades y liberamos el trabajo del suelo pélvico."
Con esa invitación a desaprender, a jugar con la respiración y a devolverle al cuerpo la conciencia de sus propias "autopistas" sensoriales, Julia abre la puerta a "El poder de la pelvis". Su participación enriquece el programa con su propia trayectoria, de la filosofía, pasa por la danza y el cuerpo en movimiento, y desemboca en una fisioterapia que no busca sustituir la percepción de quien la vive, sino despertarla.